sábado, 29 de agosto de 2015

NERÓN, MODELO DE LOS “POLÍTICAMENTE CORRECTOS”

Ironía sin duda destila este artículo publicado por Robert Young Jr. en CRISIS MAGAZINE que traducimos del inglés, pero en verdad refleja la política pro-sodomía y anticristiana de los gobiernos “liberales” (civiles y eclesiásticos), que se remonta a la antiguedad clásica (pues “nihil novi sub sole” dijo Salomón Eclesiastés), y se intensificará en las últimas fases del Nuevo Orden Mundial y el reinado del Anticristo político y religioso.
"SAN" NERÓN, PATRONO DEL "MATRIMONIO" HOMOSEXUAL
Por Robert. V. Young Jr.*
  
Nerón César, tipo del Anticristo.
  
Considerad este artículo como un mea culpa ilustrado. Durante mucho tiempo sostuve la imposibilidad de rebatir el “matrimonio” homosexual, simple y llanamente por no haber argumentos positivos para sostenerlo. Afirmar que un homosexual no tenía derecho a desposarse con otro hombre no es distinto a afirmar que un unicornio no tiene derecho a ser un programador informático: La proposición es intrínsecamente absurda y contestarla significa darle un aval ilimitado. Como prueba de ello, presentaba que hasta antes de finales del siglo XX, al menos en la civilización occidental, nadie pensaba en el matrimonio entre dos personas del mismo sexo.

Ay, pues en el segundo punto la memoria histórica me traicionó. Esto escribió Suetonio (años 70-126 AD) en su Vida de los Césares, en el libro VI, intitulado Nerón:
«Hizo castrar a un joven llamado Esporo, y hasta intentó cambiarlo en mujer, lo adornó un dia con velo nupcial, le constituyó una dote, y haciéndoselo llevar con toda la pompa del matrimonio y numeroso cortejo, lo trató como su esposa». 
  
Y continúa el historiador romano,
 «Vistió a este Esporo con el traje de las emperatrices; se hizo llevar con él en litera a las reuniones y mercados de Grecia, y durante las fiestas Sigilarias de Roma, dándole besos por momentos» (VI 28). 
  
A pesar del tono severo de Suetonio -después de todo, así era en una época intolerante, oscura-, su relato permite afirmar que Nerón se adelantó a su tiempo en lo que al reconocimiento de la “construcción social del género” y “la movilidad del deseo”, acomodando en consecuencia sus acciones, tanto así que devino en un “modelo” útil en los actuales guerreros del género:
 «Después de haber prostituído casi todas las partes de su cuerpo. imaginó como supremo placer cubrirse con piel de fiera y lanzarse desde una jaula sobre los órganos sexuales de hombres y mujeres atados a postes; y cuando había satisfecho todos sus deseos, se entregaba, para terminar, a su liberto Doriforo, a quien servía de mujer, como Esporo le servía a él mismo; y en estos casos imitaba la voz y los gemidos de una doncella que sufre violencia» (VI, 29).

Otro historiador romano, Tácito (56-120), dice (también en términos análogamente oprobiosos) que Nerón,
«el cual no era negado a cualquier forma de depravación, se unió en matrimonio a uno de aquellos degenerados llamado “Pitágoras” con solemne rito nupcial» (Anales, XV, 37). 
  
Ni Suetonio ni Tácito condenaron, sin embargo, todos los actos de Nerón y su aprobación a otras características de su reinado que se recomendarían a los activistas de la igualdad de género. Después de haber narrado el gran incendio que destruyó gran parte de Roma en el año 64, Tácito precisa que el pueblo había comenzado a sospechar de Nerón como autor del incendio:
«Así pues, con el fin de extirpar el rumor, Nerón se inventó unos culpables, y ejecutó con refinadísimos tormentos a los que, aborrecidos por sus infamias, llamaba el vulgo cristianos. [...] Toda una ingente muchedumbre (multitúdo ingens) quedaron convictos, no tanto del crimen de incendio, cuanto de odio al género humano. Su ejecución fue acompañada de escarnios, y así unos, cubiertos de pieles de animales, eran desgarrados por los dientes de los perros; otros, clavados en cruces eran quemados al caer el día a guisa de luminarias nocturnas» (Anales, XV, 44).

En honor de la verdad, Tácito admite que la barbarie de Nerón era tal que suscitaba en la población alguna piedad hacia los “culpables” cristianos.
  
El celo de Nerón no deja de llamar la atención a los actuales defensores de la tolerancia y de todos los activistas que quieren desterrar el odio del mundo. Nerón encontraría un castigo ciertamente más fuerte que los $135.000 dólares de multa impuesta por el ministro del Trabajo del estado de Óregon, Brad Avakian, a Aaron y Melissa Klein, propietarios de una repostería. Frente al “sufrimiento emocional y mental” que los Klein han causado a Rachel y a Laurel Bowman-Cryer (los nombres no me los he inventado) rechazando preparar una torta para su “matrimonio” lésbico, la destrucción del patrimonio de una familia con cinco niños por la supradicha sanción pecuniaria representaría para los activistas un simple “reglazo en las manos”. Brad Avakian -y por supuesto, el juez Anthony Kennedy de la Corte Suprema- tienen ciertamente mucho que aprender de Nerón César en cuanto a represión del odio y la intolerancia. Así las cosas, ¿qué es el destino de cinco niños cuando están en juego los sentimientos heridos y la dignidad de los estilos de vida alternativos?
  
Obviamente sería más humano, mas prudente, seguir el programa moderado de Plinio el Joven (61-113), gobernador romano de la Bitinia y del Ponto medio siglo después de Nerón, durante el reino de Trajano (53-117). En el reporte concerniente con relación a los cristianos que envió al emperador (Epístolas, X, 96), Plinio dice haber erigido estatuas del emperador y suministrar incienso y vino a aquellos que eran acusados de ser cristianos, para constreñirlos a adorar a los ídolos y «en suma, a maldecir a Cristo» («prætérea male dicérent Christo»). Dado que ningún cristiano sincero haría aquel gesto, aquellos que se sometían a este trámite, eran exonerados. El mundo secularizado de hoy tiene modos equivalentes para obligar a los cristianos a adorare a sus dioses y al emperador: adoctrinamiento sobre la diversidad, cursos de manejo de la ira, campos de reeducación… y de pastelería nupcial. Por ahora esta proceduría no es por ahora puesta en obra, como lo hiciera Plinio, con la amenaza de la pena de muerte («supplícium minátus»). ¿Mas quién sabe lo que nos reservará el futuro?
  
No obstante su tolerancia facilista, Plinio, al igual que sus contemporáneos Tácito y Suetonio, precisa, en la misma epístola dirigida al emperador, de haber encontrado en el cristianismo una «irracional y desmesurada superstición» («superstitiónem pravam et immódicam»). Plinio confirmó la información que había recolectado interrogando a los apóstatas y por las respuestas obtenidas de dos jóvenes esclavas llamadas diaconisas («minístri») que sometió a tortura («per torménta»: la moderación tiene límites). Y esta era la espantosa verdad que descubrió «sobre la pertinaz e inflexible obstinación» («pertináciam […] et inflexíbilem obstinatiónem») de los cristianos: 
«Ellos afirmaban que toda su culpa o error había consistido en la costumbre de reunirse un día fijo antes de salir el sol y cantar a coros sucesivos un himno a Cristo como a un dios, y en comprometerse bajo juramento no ya a perpetuar cualquier delito, sino a no cometer hurtos, fechorías o adulterios, a no faltar a nada prometido, ni a negarse, a hacer un préstamo del depósito. Terminados esos ritos, tienen por costumbre separarse y volverse a reunir para tomar alimento, por lo demás común e inocente».
   
Frente a tanta depravación, la moderación y la tolerancia de Plinio son, sin duda, encomiables. Ahora, como cualquier progresista iluminado puede ver, los cristianos constituyen una obvia amenaza a la estabilidad del órden social toda vez que se rehusan a adorar a sus dioses -verbigracia, Eros y Afrodita, tan  importantes para los tolerantes citadinos modernos- y el emperador, aquel que ofrece el pan y los juegos circenses. Por eso no debe olvidarse el salutífero ejemplo de Nerón. 
  
Incluso, los antiguos historiadores cristianos lo reconocen a su manera. El historiador Eusebio de Cesarea (263-339), por ejemplo, reconoce a Nerón el mérito de ser «el primero de los emperadores en mostrarse enemigo de la Religión divina» (Historia ecelesiástica, XXV) y cita a Tertuliano, que dice: «Nos gloriamos incluso de tenerlo como iniciador de nuestra condenación. Cualquiera que tenga inteligencia lo comprende, pues nada podía ser condenado por Nerón a menos que fuera algo sumamente bueno» (Apologética 5, 3). Reconozcamos, en fin, que el emperador sabía lo que estaba haciendo.
 
Entonces, Nerón puede ser tenido como el santo patrono ideal del “matrimonio” gay, que, como bien sabía, tiene poco que hacer con el “matrimonio igualitario”, pero sí es un instrumento indispensable para suprimir la superstición cristiana de una vez por todas. ¡Es ofensivo que los hombres y las mujeres de hoy que están en la parte correcta de la historia deban seguir luchando con este obstáculo que impide la creación de una sociedad amable, tolerante y libre de odio, hecha de diversidad ilimitada y de igualdad absoluta! Por eso mi “disculpa” por haber pensado que el “matrimonio” entre personas del mismo sexo no tenía antecedentes históricos. Los activistas de hoy tienen un modelo perfecto en un hombre que se anticipó a ellos en lo referente a la sexualidad humana y a la moral cristiana. Cuantos buscan argumentos racionales, encontrarán en Nerón que ésta no es necesaria cuando el poder de un gobierno y, en nuestros tiempos, el peso de la opinión de la élite están a favor de la parte correcta.
  
* Robert V. Young Jr., nacido en 1947, es docente de Literatura renacentista y de Crítica literaria en el Departamento de Inglés de la North Carolina State University en Raleigh. Desde 2007 dirige Modern Age: A Quarterly Review, el semanario cultural conservador más influyente en los Estados Unidos, publicado por la Intercollegiate Studies Institute de Wilmington (Delaware), fundada en 1957 por Russell Kirk (1918-1994). La versión original de este artículo, fue publicada el 23 de Julio de 2015 con el titolo "Saint Nero, Patron of Gay Marriage" en el cotidiano católico online estadounidense Crisis Magazine: A Voice for the Faithful Catholic Laity (clic aquí), ubicado en Bedford (New Hampshire), dirigido por John M. Vella.

viernes, 28 de agosto de 2015

EL HEREJE ES MÁS PELIGROSO QUE EL MISMO INFIEL

San Agustín disputando con los herejes (Jaume Huguet)
 
De los que están lejos no hay problema; no me engaña tan fácilmente el que me dice 'Ven, adora este ídolo'; está muy lejos de mí. Le preguntas '¿Eres cristiano?' 'Sí, soy cristiano', responde [el hereje o cismático]. Ése es tu enemigo cercano, está a tu lado. Su paz rescata mi alma de los que se me acercan, ya que en muchas cosas estaban conmigo. ¿Por qué dijo "Los que se me acercan"? Porque en muchas cosas estaban conmigo. Esta frase "En muchas cosas estaban conmigo", tiene doble sentido. Primero, En muchas cosas estaban conmigo: 
  • El bautismo lo tuvimos todos: en eso estaban conmigo; 
  • El Evangelio lo leíamos unos y otros: estaban conmigo; 
  • Celebrábamos la fiesta de los mártires: allí estaban conmigo; 
  • Asistíamos a la solemnidad de la Pascua: estaban juntos conmigo. 
Pero no totalmente conmigo: EN EL CISMA NO ESTÁN CONMIGO, EN LA HEREJÍA TAMPOCO. EN MUCHAS COSAS SÍ ESTÁN CONMIGO, PERO SÓLO EN POCAS NO LO ESTÁN. Y POR ESTAS POCAS COSAS EN QUE NO ESTÁN CONMIGO, NO LES APROVECHAN LAS MUCHAS EN QUE SÍ ESTÁN.
  
San Agustín, Tratado sobre los Salmos. (Salmo LIV, 19).

jueves, 27 de agosto de 2015

TRANSVERBERACIÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS

Transverberación del corazón de Santa Teresa
 
La fiesta de la Transverberación de Santa Teresa se celebra desde el siglo XVIII con misa propia en el Rito Carmelitano, y con oración propia (pero la misa es “Dilexísti me” del Común de las Vírgenes) en el Rito Romano, en recuerdo de que un día de 1559, Santa Teresa fue traspasada en su corazón con una flecha encendida, en medio de una experiencia mística. Ella misma describió después esta experiencia mística:
“Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan.
 
Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento” (Libro de la Vida 29,13).
  
REFLEXIÓN
Santa Teresa, desde su conversión, resolvióse a poner su confianza y amor en Dios, despreciando por Él cualquiera cosa terrena. Y ardiendo su corazón en el amor de Dios, logró elevadas cumbres en la santidad, y realizó la reforma del Carmelo. Pidámosle su intercesión para que por ella, merezcamos la gracia de rechazar todo cuanto no tenga su origen o fin en la Divina majestad.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que traspasaste con un dardo encendido el puro Corazón de nuestra madre la bienaventurada virgen Teresa tu esposa, y la consagraste víctima de la caridad; concédenos por su misma intercesión, que nuestros corazones se inflamen con el fuego del Espíritu Santo y te amen siempre y sobre todas las cosas. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

CORONA FRANCISCANA O DE LAS SIETE ALEGRÍAS DE MARÍA SANTÍSIMA

Altar de las Siete Alegrías de Santa María (Anónimo)
 
La Iglesia recuerda los Dolores de María Santísima, pero también tiene presentes los gozos que tuvo mientras se encontraba en este mundo: Esa es la intención de la fiesta de las Siete Alegrías de Nuestra Señora, que los Franciscanos Observantes celebran el 27 de Agosto y los Franciscanos Conventuales el 26 del mismo mes. San Pío X autorizó a unos y otros celebrar esta fiesta en 1906. Originalmente se celebraba en la domínica infra-octava de la Asunción, pero en 1914 fue transferida a la octava de la Asunción (22 de Agosto); y en 1942, cuando se le asignó ese día a la fiesta del Inmaculado Corazón de María, la de las Siete Alegrías fue trasladada para los días 26 y 27 (en las órdenes precitadas). Todos los Frailes Menores llevan el rosario de las Siete Alegrías sobre el cíngulo de sus hábitos.
   
DE LA CORONA FRANCISCANA
  1. La Santísima Virgen dijo que la Corona Franciscana es una devoción agradable a Ella, igual que el Rosario que le revelara a Santo Domingo. Las crónicas de la orden franciscana recopiladas por el irlandés Fray Lucas Wadding relatan que en 1442 hubo un novicio -que según la tradición se llamaba Santiago del Rosario-, quien era muy devoto de Nuestra Señora y diariamente, desde su infancia, le obsequiaba a una de sus imágenes una corona de flores. Aconteció que al haber sido admitido entre los Frailes Menores, no pudo continuar esta práctica, por lo que decidió abandonar la Orden; pero mientras oraba, se le apareció María Santísima y lo consoló diciendo: “Permanece dentro de la orden, y no se turbe tu corazón porque ya no me puedas regalar la corona de flores. Te enseñaré como obsequiarme diariamente una corona de rosas que no se marchitarán y serán más gloriosas para mí y más meritorias para ti”; y le enseñó este Rosario de siete décadas. Fray Santiago comenzó esta devoción y, estando un día en oración, el Director de Novicios lo vio con un ángel que iba tejiendo una corona de rosas: A medida que el novicio rezaba, y después de cada decena de rosas, insertaba el ángel un lirio dorado, y al terminar de rezar Fray Santiago, el ángel colocó la corona sobre la cabeza del novicio. El director le preguntó sobre el significado de la visión que había tenido, y al oír la explicación, lo contó a todos los frailes y pronto se difundió esta devoción a toda la Familia Franciscana. De este hecho podemos concluir que no es conveniente anclarse en un solo acto piadoso, y que una devoción bien hecha es mejor que cualquier decoración perecedera.
  2. Considera las fragrantes rosas que ornamentan la Corona Franciscana. Este rosario consta de setenta y dos Avemarías, y en primera instancia, se recita en honor de los años que Nuestra Señora vivió sobre la tierra. En el siglo XV, San Bernardino senense y San Juan Capistrano promovieron esta devoción, pero en el siglo XVII la religión del Seráfico San Francisco empezó a rezar las siete décadas para honrar las Siete Alegrías de Santa María: La Anunciación, la Visitación, la Natividad, la Adoración de los Magos, el hallazgo del Niño Jesús en el Templo, la Resurrección de Nuestro Señor, y la Asunción y Coronación de Nuestra Señora. Cada década debe movernos a reflexionar en el gozo santo que la Virgen Santísima tuvo en esa ocasión. Así, este rosario le es motivo de gran regocijo, y aprendes a amarla más y mejor.
  3. Considera la efectividad de este rosario. Fray Santiago experimentó sus buenos efectos aún en vida, y a lo largo de la historia franciscana, se han obtenido gracias y favores ante muchas necesidades, tanto que por petición de los generales de la orden franciscana, los Papas le han otorgado indulgencia. Los frailes menores recitan este rosario cada sábado. Asume el compromiso, y descansarás en la esperanza de participar del gozo de estar en presencia de María Santísima en el Cielo.
   
Tomado de THE FRANCISCAN BOOK OF SAINTS. Marion Habig, OFM (Editor)
  
MODO DE RECITAR LA CORONA FRANCISCANA
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en quien creo, en quien espero, a quien amo y estimo más que mi vida, solo por ser Vos quien sois me pesa de baberos ofendido, y propongo morir antes que volver a pecar, ayudado de vuestra divina gracia: dádmela, Dios mío, para rezar con fervor la Corona de vuestra santísima Madre. Amén.

℣. Abrid, Señor ✠, mis labios.
℟. Y mi voz pronunciará vuestras alabanzas.
℣. Dios mío, † en mi favor, benigno entiende.
℟. Señor, a mi socorro, presto atiende.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio y ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén.
℣. En tu Concepción, Virgen María, fuiste Inmaculada.
℟. Ruega por nosotros al Padre, cuyo Hijo diste a luz.
  1. Me alegro con Vos, oh María, por el gozo que os inundó el corazón cuando, después del anuncio del Arcángel San Gabriel, el Verbo Eterno por obra del Espíritu Santo se encarnó en vuestro castísimo seno. Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. 
  2. Me alegro con Vos, oh María, por la consolación por Vos probada en la visita a vuestra prima Santa Isabel, mientras ella devenida en profetisa, os reconoció y veneró por verdadera Madre del divino Redentor, y San Juan Bautista, entonces recluido en su seno fue santificado por tal visita santificado. Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. 
  3. Me alegro con Vos, oh María, por aquel gozo inefable que probasteis en la gruta de Belén luego que, conservando intacto el lirio de vuestra virginidad, disteis a luz sin dolor alguno a vuestro divino hijo Jesús, que había venido a traer la paz y la redención al mundo, y lo visteis adorado por los pastores. Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. 
  4. Me alegro con Vos, oh María, por la suma alegría que experimentó vuestro corazón cuando visteis a los santos Reyes Magos venir reverentes desde lejanas tierras para postrarse ante vuestro divino infante Jesús, y adorarle como verdadero hombre Dios y Redentor del mundo, avizorando vos en ellos las primicias de la Gentilidad. Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. 
  5. Me alegro con Vos, oh María, por el júbilo que gustó vuestro corazón amoroso, cuando buscando por tres días a Jesús perdido, Le encontrasteis en el templo entre los doctores de la ley, que ya expandía los rayos de su infinita sabiduría. Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. 
  6. Me alegro con Vos, oh María, por la purísima alegría que embriagó vuestro corazón, cuando visteis aparecer resucitado de entre los muertos a vuestro divino Hijo revestido de gloria y de luz, impasible e inmortal. Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. 
  7. Me alegro con Vos, oh María, del inmenso g­ozo con que fuisteis inundada, cuando por los Ángeles fuisteis gloriosamente asunta en cuerpo y alma al Cielo, coronada de la Santísima Trinidad como Reina de Cielo y tierra, constituida abogada de los pecadores y madre nuestra amorosísima. Padre nuestro, 10 Ave María y Gloria. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María.
Se agregan dos Ave María para completar el número 72, en memoria de los 72 años que, según las sentencias más comunes, María Santísima vivió en esta tierra. Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María.
  
OFRECIMIENTO DE LA CORONA
Oh dulcísima Virgen María, Madre de Dios, Reina de los ángeles y seguro refugio de pecadores, os ruego por todos vuestros gozos .que volváis vuestros benignos ojos sobre este ínfimo entre vuestros devotos, y recibid con agrado el obsequioso tributo que ha sido mi intención presentaros, rezando la corona de vuestras principales alegrías. Continuad vuestro patrocinio conmigo, así como deseo yo, continuar y aumentar mi afecto y devoción a Vos. Concededme por vuestra gracia que yo sea del número de aquellos que Vos amáis y guardáis escritos en vuestro Corazón virginal. Encomiendo igualmente a vuestra clementísima intercesión la Santa Iglesia Católica, la extirpación de las herejías, la perpetua paz y unión entre los príncipes cristianos, la felicidad de sus estados, y finalmente todos los vivos y muertos, por los que es mi intención y obligación rogar. Particularmente os suplico, postrado a vuestros sagrados pies, me alcancéis de vuestro divino Hijo el perdón de mis gravísimas culpas, los auxilios oportunos para la observancia de su divina ley, ejercicio de virtudes y victoria de mis malas inclinaciones. Limpiad, Virgen inmaculada, mi corazón de todo pecado, y echad de mí todo aquello que desagrade a vuestros ojos purísimos. Purgad mi alma de los amores y afectos terrenos, levantándola al amor de los bienes celestiales y eternos. Y finalmente, alcanzadme de vuestro hijo Jesús el máximo de todos los bienes, la perseverancia final, que será, Virgen inmaculada, el más glorioso triunfo de vuestra intercesión y de la divina misericordia. Amén.
  
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia...
℣. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo nuestro Señor.
 
ORACIÓN
Concédenos, misericordiosísimo Dios, el socorro en nuestra debilidad, para que cuantos recitamos la Corona de la Santísima Virgen, por el auxilio de su intercesión, nos levantemos de nuestras iniquidades. Por J. C. N. S. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.